¿Sabías que entre 1764 y 1767, en el Condado de Gévaudan, decenas de hombres, mujeres y niños fueron devorados por una bestia? La historia de horror de la Bestia de Gévaudan surgió en la región que hoy se conoce como Lozère y sembró el terror durante el reino de Luis XV.
En los tiempos de estos ataques, se trataba, para unos, de un lobo; de una especie de animal exótico, para otros; de una bruja, para algunos más.
Tan difícil de esclarecer ha sido esta leyenda de horror francesa que a principios del siglo XX hasta apareció la hipótesis de un sádico loco que se hacía pasar por hombre lobo: fue propuesta por un sicoanalista… y en los años 60, esta teoría del sádico loco terminó por alimentar una teoría de complot en la que estaría implicada una vieja y poderosa familia francesa.

¿Cuál es la verdadera historia de la Bestia de Gévaudan?
Hablamos de una bestia que en el siglo XVIII, en lo que hoy conocemos como Lozère, mató al menos a 78 personas.
El animal salvaje presentaba características comunes con los lobos, por lo que estos hechos acabaron convirtiendo a los lobos en los enemigos número uno de los ganaderos.
El historiador Bernard Soulier refiere que un capitán presente en la localidad de estos acontecimientos describió al animal como “del tamaño de un toro de un año, con patas tan fuertes como las de un oso, con seis garras -cada una del tamaño de un dedo-, una boca extraordinariamente grande y un pecho tan robusto como el de un caballo”.
Pero, advierte, si bien las fuentes sobre este caso a las que los historiadores tuvieron acceso en el siglo XX mencionan a una bestia muy grande, con una raya negra en el lomo y una mancha blanca en el pecho, al parecer los documentos dejan claro que ningún testigo logró identificarla con certeza. En lo que sí coincidieron fue en señalar que la bestia se parecía un poco a un lobo… pero diferente de este en varios aspectos.
Con el tiempo el caso se hizo tan notorio que cruzó las fronteras de Francia.
Algunos historiadores consideran que las élites de aquellos tiempos no veían más que hacia la región avanzada del norte y la cuenca parisina y que su mirada era brutal sobre la provincia, a la que consideraban a la sombra de la capital.
Eso, razonan, podría explicar cómo la prensa de ese entonces, aún en ciernes, divulgaba este suceso: para movilizar el miedo del público; no solo en Francia, sino a escala mundial.

Soulier coincide: aunque hubo otros casos de bestias devoradoras hasta el siglo XIX, ninguna alcanzó la notoriedad de la Bestia de Gévaudan.
Desde su punto de vista, el contexto mediático de la época fue clave. La Guerra de los Siete Años había terminado en 1763 y, para compensar la falta de noticias, los periódicos – principalmente la Gazette de France, diario oficial de aquel tiempo, y el Courrier d’Avignon– se hicieron eco del caso.
Los hijos de los campesinos ya no iban a la escuela; trabajaban en las granjas y cuidaban el ganado. Pastores profesionales custodiaban los rebaños de ovejas, para lo que se apoyaban en perros grandes o armas.
Estos sucesos llegaron al conocimiento de Luis XV, quien decidió enviar a uno de sus soldados con la misión de acabar con la aterradora criatura.
El 20 de septiembre de 1765 este enviado real logró abatir a un lobo de gran tamaño y, con ello, se dio por hecho que se trataba de la bestia.
Pero, si bien los ataques desaparecieron por unas semanas, luego se reanudaron.
Dos años más tarde, en junio de 1767, un campesino de la zona, Jean Chastel, logró matar a una bestia que fue reconocida por los testigos. Desde ese momento sí se acabaron los ataques.
PUBLICIDAD
SIGUE LEYENDO DESPUÉS DE ESTA PUBLICIDAD
¿Caso resuelto?
A partir de numerosos archivos que informan valiosos aspectos de la historia del reino de la Francia de finales del siglo XVII, se sabe que en la época de la Guerra de los Siete Años (1754-1763), fuentes locales coincidían en señalar la presencia de varios lobos que se habían vuelto antropófagos.
Este fenómeno, poco común pero notable, había sido observado ya en el lobo carnissier, que se alimentaba casi exclusivamente de seres humanos.
Según algunos estudiosos, el estudio de testimonios sobre la Bête de Gévaudan demostrarían que este animal se comportaba como este lobo marginal, que ataca y devora a sus víctimas humanas. Esto los llevó a encontrar una sola conclusión posible: se trató de un caso de antropofagia lupina.
Para Bernard Soulier, esta no es una conclusión irrebatible. Este cronista recuerda que, aunque la bestia abatida por Jean Chastel en 1767 se parecía a un lobo, no se la identificó formalmente como tal debido a su apariencia y sus proporciones desconcertantes. Si bien es seguro que pertenecía a la familia de los cánidos por sus 42 dientes, aún persisten interrogantes.
«No estamos seguros de que fuera un lobo de raza pura. En mi opinión, el animal que mató Chastel era un híbrido entre lobo y perro. No era muy común, pero podía ocurrir y, de hecho, todavía puede suceder. Un perro callejero puede aparearse con una loba. También sabemos que en el siglo XVIII algunos cazadores criaban híbridos para luego cazar lobos con estos animales», indica.
En la década de 1970, Gérard Ménatory, un naturalista y defensor de los lobos, afirmó que el culpable no podía haber sido un lobo, ya que los lobos no atacan a los humanos.
Esto reavivó viejas teorías, algunas muy extravagantes: que la bestia de Gévaudan podría haber sido una hiena escapada de una colección privada, un mono cinocéfalo, un tigón o un leopardo; incluso, el resultado de una conspiración religiosa o política.
Lo cierto es que, se haya tratado de lo que se haya tratado en 1767, es poco probable que alguna vez se sepa: el cadáver de la bestia que abatió Chastel fue disecado demasiado rápido, lo que impidió cualquier análisis posterior de ADN.
Con información de: Gévaudan Authentique; France Culture; Jean-Marc Moriceau, La Bête du Gévaudan. Mythe et réalités, Taillandier, 2021; Mende, Tourisme.
¿Quieres conocer más ‘Misterios de Francia’? Coméntanos en nuestras redes.
Coucou Lola ! Pasión por Francia y la cultura francesa



