Los cinco mejores momentos de la T4 de Emily in Paris en Netflix

Ya está en Netflix la temporada 4 de nuestra serie favorita, gusto-culposo y casi francesa -ok ok, que no es del todo francesa, pero que sí transcurre en nuestra ciudad amada-, y venimos a decirte por qué esta nueva entrega de ‘Emily en Paris’ nos dejó encantados. Primero, por no forzar su formato y, segundo, por apuntar certeramente a crecer su historia con nuevos giros dramáticos -luminosos e inteligentes- y nuevos personajes. 


Si aún no has visto este programa, déjanos contarte un poquito de qué va: Emily, una chica estadounidense que le entra al marketing -sobre todo para redes sociales- y, hay que decirlo, puede ser bastante torpe en su vida amorosa y social, es transferida por su agencia a la ciudad de París, en principio, para enseñar sobre el estilo publicitario de su país natal, pero donde, sobre todo, vivirá un montón de aventuras románticas y más de un embrollo, tanto con clientes como con amigos.

A lo largo de sus primeras tres temporadas, la hemos acompañado en las que son sus constantes de vida: relaciones complicadas con amantes un poco imposibles, situaciones estresantes con marcas a las que representa, lecciones de marketing, lazos de amistad del tipo a prueba de fuego, looks sofisticados e increíbles, imposibilidad de aprender el idioma francés y mucho, mucho, de París.

En esta cuarta temporada, Emily vuelve a sus andanzas, pero esta vez eleva la vara: ya no es la misma chica que se conforma, sino una que aspira a más.

Y, en todo esto, su entorno crece para regalarnos escenas inolvidables.

Esta es la parte en la que debemos advertirte que, sí, que esta nota tendrá más de un spoiler. Ojo con esto.

Ahora sí, llegó el momento de compartirte nuestros…

Cinco mejores momentos de la temporada 4 de la serie Emily in Paris en Netflix

Emily, amor y franquicia en Roma

Aunque el título de la serie es Emily in Paris, en su cuarta sesión nos sorprendió con un cambio de escenario: parte de la trama se desarrolla en Roma.

En la capital italiana, Emily no pasa desapercibida: comienza a conectarse con su cultura al punto de que la escuchamos decir casi más expresiones en italiano que las que le hemos escuchado en francés; consigue un nuevo cliente; está dispuesta a encabezar la oficina romana de la agencia de Sylvie. 

Además, inicia un amorío ardiente con un, claro está, guapísimo italiano.

Porque, digámoslo todo, el rollo melodramático de los amantes que no logran estar juntos entre Emily y Gabriel ya comenzaba a oxidarse.

Por lo que se asoma-en-Roma, todo indica que el paso de nuestra publicista preferida por la sede del Coliseo Romano no será precisamente tan fugaz…


¿Se abrirá una especie de franquicia de la serie?  

Sylvie, más aguerrida y sorpresiva 

Si bien en su denuncia se esconde también un trasfondo de interés comercial y de lucha de poder, Sylvie se suma al destape de un viejo asunto: el del acoso y abuso sexual cometido durante muchos años por la figura de un empresario (no te diremos quién, para no excedernos de espóilers).

Tristemente común y deleznable en la vida real, este hilo argumental le confiere un peso y un compromiso interesantes al show. 

Es cierto que el seriado apenas borda el tema y que no alcanza a ahondar en este -es una serie de comedia ligera, no precisamente de denuncia social-, pero se agradece que exponga lo que muchas mujeres viven todavía hoy, en Francia y alrededor del mundo, dejando un mensaje claro: no importa cuán poderoso pueda ser un acosador/abusador, su caída es siempre posible.

Claro que no podía ser en otro personaje en el que recayera este gran momento: Sylvie Grateau (interpretada soberbiamente por Philippine Leroy-Beaulieu) se ha caracterizado por tener un rol importante en esta comedia, desde que acaparara con fuerza la atención en la temporada uno.

Abiertamente sensual, segura, decidida, tiburona, cada aparición de Grateau se convierte en una delicia.

Hablamos de una mujer que ha aprendido a competir de par a par con los hombres y que, aunque puede ser dura y hasta antipática, también sabe lidiar con sus debilidades.

Si Emily in Paris necesitaba una mujer empoderada, no quedan dudas de que Sylvie es su máxima representación.

Su relación muy de tipo abierta con su esposo le da el margen suficiente para verse envuelta en otras relaciones no muy fáciles.

Pero no vino por ahí la sorpresa que nos trajo esta empresaria en la T4. Definitivamente, fue la de su relación con su madre, caracterizada por la gran Liliane Rovère (sí, sí, la gran Arlette Azémar de Dix pour cent, entre tantos papeles):  conocer a esta es entender mucho de parte de la personalidad de la jefa de Emily Cooper.

Justo esa partecita algo oscura en la que no siempre sus acciones llegan a ser agradables para los demás, especialmente para la protagonista.  Lo vimos en esta sesión, cuando no lo pensó dos veces para ir de frente tras una cuenta, sin importarle si esto  afectaría el incipiente amorío de Cooper.  

La estrella de Gabriel

Parte de lo que hace interesante al personaje de Gabriel (Lucas Bravo) es su lucha por conseguir una estrella Michelin.

Lo que ocurre sobre esto en la cuarta temporada de Emily in Paris era justo y necesario.

Pero, ¿con quién lo celebrará Gabriel?

Fuera de eso, no podemos decir que disfrutamos de su personaje: se tornó cansino y exasperante que el exitoso show de Netflix lo mantenga como un pusilánime que no se atreve a dejar todo por Emily y que pretende quedar en paz con Dios y con el diablo.

El crecimiento de Mindy

En el transcurso de las anteriores temporadas hemos disfrutado el crecimiento del papel de Mindy Chen, que en esta cuarta parte pasa de ser poco más que la amiga estrafalaria y divertida de Emily a una mujer que comienza a poner los pies sobre la tierra y a entender que no todo lo que brilla es oro. 

Es que, mientras Mindy batalla por conseguir los fondos para su presentación en el Festival Eurovision, su novio millonario, que aparentemente la aceptaba tal como ella es,  titubea bajo la presión de su padre empresario y la marca de la familia. 

Pero esto no amilana a Mindy, a la que vemos levantarse y brillar, tanto en talento artístico y vocal (no olvidemos que a la piel de este personaje la lleva la actriz y cantante Ashley Park; si todavía no la escuchaste, corre a hacerlo ya en tu plataforma fav: te aseguramos que no te arrepentirás), como en su decisión firme: si no me aceptas como soy y como me veo, soy yo a la que no le interesa seguir contigo.

Total, para ahogar su despecho, ahora cuenta con una gran amiga en la ciudad de Roma… 

Una nueva villana

Solo porque sabemos que a Darren Star (Sex and the City, entre otras producciones) le encantan las relaciones dramáticas tóxicas del tipo Carrie Bradshaw-Mr. Big, podemos entender el por qué del vínculo Emily-Gabriel que, a todas luces, sano, precisamente, no es.

Agotados, un poco-mucho, el tema del triángulo Emily-Gabriel-Camille y el drama de telenovela del embarazo, aterriza en la vida de la estadounidense y el chef francés una nueva villana: se trata de Geneviève (Thalia Besson), hijastra de Sylvie; es decir, hija de Laurent. 

Esta chica, que llega desde Nueva York, no solo se instala en el depa de Sylvie, sino que consigue hacerlo también en la agencia de su madrastra.

Y no llega nada más que a instalarse en uno y en otra. Rápidamente convierte a Gabriel en su presa, a sabiendas de que se trata del amor difícil de Emily.

Mucho más divertido que el de Camille, este nuevo personaje villanesco deja clarísimo que es de armas tomar y que no se detendrá ante nada para conseguir lo que se le antoje.

Pensándolo bien, es casi una versión de Sylvie.

La cuarta temporada de ‘Emily in Paris’ dio muestras de que la serie no se permitirá estancarse, que sabe apostar a la reinvención, a los nuevos giros y hasta a las nuevas locaciones… ¿se viene ‘Emily in Rome’? ¡Ya queremos que llegue 2025 para ver la nueva temporada en Netflix!


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