Si desde la película El efecto mariposa no encontrabas una producción sobre viajes en el tiempo que te atrape, estás de suerte: Vórtice (Vortex) es la nueva serie francesa en Netflix que ya se convirtió en uno de los éxitos de la plataforma por su explosiva mezcla de ciencia ficción, fantasía, drama, crimen y romance.
Una miniserie de seis episodios que demuestra que el tema de los mundos paralelos o de los viajeros del tiempo puede, en lugar de agotarse o repetirse, reformularse para conseguir un nuevo valor.
Estamos en 2025. Gracias a una nueva tecnología, los policías pueden sumergirse en las escenas del crimen, reconstruidas en realidad virtual, para ayudarse a resolver sus investigaciones. Cuando el capitán Ludovic utiliza esta tecnología para analizar la escena del crimen de una mujer ahogada en una playa de Brest, alguien se le aparece: es Mélanie, el gran amor de su juventud… fallecida en la misma playa hace 27 años. Ludovic tiene que aceptar lo increíble: se ha abierto una brecha temporal, puede comunicarse con ella, ¡de una época a otra! Pronto, descubre que la muerte de la mujer ahogada en la playa y la de Mélanie están conectadas. Su exmujer no murió accidentalmente, lo mismo que la mujer ahogada, ambas fueron víctimas de un asesino. Pero, ¿quién es? Así comienza una investigación sobre dos épocas y una carrera contrarreloj que no dejará intacto a nadie. Mélanie y Ludovic comienzan a darse cuenta de que intentar cambiar el pasado puede provocar efectos mariposa que podrían ser tan impredecibles como devastadores. Ludovic pretende salvar a Mélanie deteniendo a su asesino, pero, ¿qué pasará con su nueva vida en el presente?

Lo mejor de Vórtice
La primera virtud de esta serie francesa limitada tiene que ver con su historia: no se trata solo de viajar a través del tiempo, se trata también de descubrir al autor de un crimen.
Y alrededor de esa búsqueda se tejen varias telarañas en las que los mismos personajes se verán implicados -o no- de distintas maneras.
Cuál es la vía correcta a seguir: esto estará siempre en el medio de las decisiones. Cada quien, en especial Ludovic, debe averiguar hasta dónde es capaz de llegar.

La segunda virtud radica en el guión: para contar esta intrincada trama se contó con un gran equipo de escritores, encabezado por las cocreadoras de esta miniserie francesa, Camille Couasse y Sarah Farkas y el responsable de la idea original, Franck Thilliez.
El resultado: subtramas inteligentes y bien pensadas, giros adecuados y precisos, resoluciones no predecibles.
La tercera de la virtudes de esta atrapante serie francesa sci-fi radica en su casting, en el que ningún actor pasa desapercibido.
Sin embargo, quienes acaparan fuertemente la atención, los protagonistas Tomer Sisley (Ludovic Béguin) y Camille Claris (Mélanie Béguin), merecen doble tanda de aplausos: consiguen una relación verdadera, que va desde la cercanía de una joven pareja que recién forma una familia; pasando por la complicidad de quienes, ya no juntos, se aferran a lo que fueron (y aún son, en algún plano); llegando hasta la madurez de quienes deben elegir -aunque alguno deba sacrificarse- lo que sea mejor para ambos.
Da gusto verlos en escena. Sus personajes logran dejar marca.
El cuarto elemento que hace virtuosa a esta producción que ya puede mencionarse como una de las mejores series francesas en Netflix es la forma en la que añade romance al componente ciencia ficción-fantasía.
La idea de romance aquí es madura, realista y convincente. Se aparta del color rosa maniqueísta: se trata de personas que saben basar su amor en el sentido de bienestar de sí y del otro.
Una serie francesa que combina virtuosamente ciencia ficción, fantasía, crimen, romance y sabe atrapar desde el primer momento y hasta el final. De lo mejor de la televisión hecha en Francia que puede verse en Netflix.
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