(Review) Cine francés en Amazon Prime Video | Jacques Cousteau, profanador y redentor

Por Lola Mendoza

Jacques-Yves Cousteau integraba la marina francesa cuando los nazis tomaron Francia. Ya para ese entonces había debido poner fin a su carrera como aviador debido a un accidente automovilístico.

Con la armada francesa derrotada por los alemanes, entre los años 1940 y 1943 el subteniente se fue de retiro a los Alpes franceses, junto con su familia: su esposa Simone y sus hijos Philippe y Jean-Michel.

Fue ahí y durante estos años como -ya habiéndose convertido en un firme entusiasta del submarinismo- junto con Émile Gagnan inventó la escafandra autónoma, que permitía permanecer horas bajo el agua, lo que lo llevó no solo a poder filmar en el medio acuático sino a formar en 1946 un grupo de investigaciones submarinas en Toulon, en  el sur francés.

Más tarde, a principios de la década de 1950, reconstruyó un barco, el famoso Calypso, y con él se dispuso a mostrar al mundo -a través de sus famosas películas- las maravillas del fondo del mar, convencido de que algún día la humanidad volveríamos a vivir en él.

Es justo a partir de ahí donde empieza el grueso del recorrido de L’odyssée, filme del director francés  Jérôme Salle, disponible en Amazon Prime Video, que, a manera de biopic, intenta mostrar la complejidad de la persona que fue Cousteau.

Y para hacer esto último, los puntos en los que el realizador -que también coescribió el guión-  elige hacer foco son, principalmente, dos: su figura como padre y esposo no demasiado comprometido con estos roles y su ignorancia, y la de la época que le tocó vivir, en relación con el cuidado por el medioambiente.

 

 

El viaje que representa esta película es uno que atraviesa varias décadas.

De manera que si algo hay que destacar aquí de primero es la contextualización que se logra hacer del actuar de una sociedad que llegó a premiar (con la Palma de Oro del Festival de Cannes, en 1956, y con el Óscar como Mejor Documental, al año siguiente, entre otros importantes premios y reconocimientos; incluso André Bazin elogió el film) a Jacques Cousteau por  Le Monde du silence, un docu que, entre otras cosas, muestra una masacre de tiburones, la última “gracia” cometida sobre un joven cachalote que previamente resultó lacerado con las aspas del Calypso o la destrucción de un arrecife coralino.

Inteligentemente, eso sí, se explica al espectador que, con el tiempo, Cousteau fue cambiando: de alguien que no sentía ningún resquemor por herir a la naturaleza -era capaz también de capturar a leones marinos, en búsqueda de mayor impacto para  sus producciones audiovisuales-, a un adalid de la lucha por su conservación, en la última etapa de su vida. Tanto así que logró que se creara una ley que prohibe la explotación de los recursos de la Antártida hasta el año 2048.

Interesante que un tipo de cambio de esta magnitud solo se  produce en el aspecto, puede decirse, social del personaje. En lo íntimo, la maravillosa interpretación  del siempre regio Lambert Wilson, encargado de encarnar al veterano navegante, nos deja claro que mujeriego, padre ausente, testarudo, egoísta, indolente y muchas veces cruel nunca dejó de ser.

Lo vemos en sus vínculos con Simone (muy bien interpretada por la sensible Audrey Tatou), Philippe (papel en el que Pierre Niney se luce a todo dar) y Jean-Michel (apenas dibujado por Benjamin Lavernhe).

El que resalta entre esos difíciles vínculos del comandante francés es el que mantuvo con su hijo más chico: es justo con este con quien se abre y se cierra la narración. Puede que lo que nos intenten decir es que quizás haya sido su más grande dolor personal. Y es lo que da pie a que Wilson y Niney se lleven -merecidamente- casi toda la atención del visionado.

Por otra parte, empero, así como logra descollar la producción en escenarios naturales, majestuosos, se queda corta en la profundización de los conflictos secundarios y en el desarrollo de los personajes que los protagonizan.

L’Odysée se merece elogios para su dirección, más de un reclamo a su guión y aplausos para sus actuaciones. Por sus aciertos, la figura que recuerda y la historia que cuenta es, en suma, una película para no perderse.

 

La Odisea

L’Odysée

 Jérôme Salle; Francia-Bélgica, 2016

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