Cine francés en la 71ª Muestra | Inocencia y música contra la barbarie en ‘La Traviata, mis hermanos y yo’

Nour tiene 14 años, tres hermanos más grandes y una madre en coma. Vive con todos ellos en una barriada popular al borde del mar. Está listo para pasar un verano al ritmo de las desventuras de su familia y de los trabajos sociales que debe cumplir, hasta que, por casualidad, conoce a Sarah, una cantante lírica que dirige un curso de canto de verano. A partir de este encuentro, el preadolescente descubre que nuevos horizontes son posibles.

Nour y su círculo familiar viven sumergidos en un círculo marcado por varias capas de crueldad:

La de la tragedia que supone la enfermedad de la madre, condenada a la postración.

La de la injusticia y exclusión, gracias a un sistema social que no los protege ni los ayuda como merecen.

La de un estado de necesidad constante en el que la violencia interna obra de distintas formas, muchas veces de un modo barbárico.

Y, aunque todos resultan afectados, es Nour la víctima más débil. Por su edad y por su contextura, sí, pero, sobre todo, por su sensibilidad.

Es precisamente a través de sus ojos -aún infantiles, aún llenos de inocencia, pero de precoz madurez a la vez- que el relato se transmite.

Entonces, «La Traviata» aparece como fondo y personaje secundario: es mucho más que una pieza. También es vía de escape y tabla de salvación para él, quien encuentra en ella el casi único vínculo con su madre moribunda («Mi papá se la cantó a mi mamá en su primera cita») y un nuevo vínculo, con su maestra de canto, que es la única capaz de enseñarle una luz al final del túnel de la miseria, otra vida posible.

En este viaje de autodescubrimiento, y descubrimiento en sí, se lleva todos los laureles Maël Rouin Berrandou como Nour: su interpretación visceral y sincera ocupan toda la pantalla.

Un drama (inspirado libremente en la obra de teatro Pourquoi mes frères et moi on est parti de Hédi Tillette de Clermont-Tonnerre) con tintes sociales bien concebido y escrito, en el que la pérdida, las ausencias, el desamparo o la marginación no merecida se miran con respeto. Un filme que no eligió romantizar la pobreza, sino presentarla como un espacio de vínculos y afectos -a su manera-, pero también de estragos de los que escapar quizás represente la mejor posibilidad.

Además de las proyecciones en Cineteca Nacional, del 8 al 15 de abril, posteriormente, del 14 de abril al 8 de mayo, los filmes de la Muestra Internacional podrán verse en tres sedes de Cinépolis (Diana, Samara y Plaza Carso) y cinco sedes de Cinemex (Reforma Casa de Arte, Altavista, Duraznos, Manacar e Insurgentes). También, en el Cine Tonalá, Le Cinéma IFAL, Cinemanía Plaza Loreto, La Casa del Cine; sedes de la UNAM, como el Centro Cultural Universitario, el Cinematógrafo del Chopo, la Facultad de Estudios Superiores Acatlán, Centro Cultural Universitario Tlatelolco, el Salón Indien del Centro Cultural Jaime Torres Bodet Zacatenco y el Auditorio de la Escuela Superior de Medicina. En total, 18 espacios cinematográficos ofrecerán la posibilidad de disfrutar de estas cintas.

Los precios en Cineteca para la Muestra son los habituales, $60 entrada general, y se encuentran disponibles directamente en taquilla, en la app oficial del recinto o en el sitio web. Todas las exhibiciones se realizarán con estricto apego a los protocolos de salud e higiene dispuestos por las autoridades federales.


Somos Coucou Lola !, por Lola Mendoza: una periodista empedernidamente francófila.

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