¿Sabías que en 1746, después de uno de los terremotos más devastadores de la historia de Perú, sectores de la Iglesia responsabilizaron a la moda francesa de haber provocado la ira divina? Entre los motivos de aquella acusación destacaba la ofensa que representaban los escotes, las mangas cortas y las faldas inspiradas en la costura gala.
El 28 de octubre de 1746, poco después de las 10.30 de la noche, un violento terremoto sacudió Lima, en ese entonces capital del virreinato de Perú. El movimiento sísmico, que según los testimonios de la época duró varios minutos, fue seguido por un tsunami que arrasó el puerto del Callao.
La catástrofe dejó una ciudad prácticamente en ruinas: de las aproximadamente 3 000 viviendas que había dentro de las murallas limeñas, se calcula que apenas una veintena resistió. El palacio del virrey quedó inhabitable y numerosas iglesias perdieron sus torres.
Sin embargo, mientras los sobrevivientes intentaban comprender la magnitud de lo ocurrido, comenzó a circular otra explicación del desastre: la ciudad estaba siendo castigada por sus pecados y entre las conductas que habrían provocado el descontento divino figuraba una particularmente llamativa: la manera de vestir de las mujeres… a la francesa.
Los escotes franceses, bajo sospecha
Según la investigadora peruana Scarlett O’Phelan Godoy, autora de la investigación La moda francesa y el terremoto de Lima de 1746, publicada en el Bulletin de l’Institut Français d’Études Andines en 2007, la indumentaria femenina que seguía los usos franceses se convirtió en uno de los blancos de las críticas religiosas que siguieron a la catástrofe.
Durante el siglo XVIII, la influencia francesa había transformado la indumentaria de las cortes europeas. Con la llegada de los Borbones al trono español, las nuevas tendencias procedentes de Francia también se extendieron por los territorios americanos de la monarquía.
Lima no fue una excepción. Las mujeres de las familias acomodadas comenzaron a incorporar vestidos con escotes más pronunciados, mangas que dejaban al descubierto buena parte de los brazos y faldas cuya longitud permitía mostrar los tobillos y los zapatos.
La transformación no pasaba inadvertida. Para los sectores más conservadores de la Iglesia, aquella indumentaria representaba una amenaza contra el pudor y las buenas costumbres.
Scarlett O’Phelan Godoy explica que la vestimenta femenina se daba cita en las explicaciones religiosas que circularon después del desastre.
La moda se convirtió así en uno de los blancos de una interpretación moral de la catástrofe: si la tierra temblaba, era porque la sociedad había abandonado el comportamiento que debía observar ante Dios.
Cuatro pecados y una ciudad arrepentida
Claro que aparecían también los abusos contra los sectores pobres, la usura y otras prácticas económicas ilícitas, además de la lujuria, pero la vanidad de las mujeres y sus atuendos considerados indecorosos pareció ser un tema importante.
Las réplicas que siguieron al terremoto contribuyeron a alimentar el temor colectivo. Algunos representantes del clero interpretaban que los movimientos posteriores eran una señal de que el castigo divino todavía no había terminado.
En ese contexto se organizaron procesiones y manifestaciones públicas de penitencia. Los limeños acudían a ellas para pedir perdón y rogar que cesaran los temblores. Según los testimonios recogidos por O’Phelan Godoy, el cronista José Eusebio de Llano Zapata calculó que algunas de estas ceremonias congregaron a miles de penitentes.
La respuesta religiosa no se quedó en los sermones. Apenas tres meses después del terremoto, el Cabildo Eclesiástico de Lima dispuso que las mujeres cubrieran sus cuerpos de una manera mucho más estricta: las faldas debían llegar hasta los pies y las mangas cubrir los brazos hasta las muñecas. La disposición también alcanzaba a las criadas, a quienes sus empleadoras debían exigir la misma indumentaria.
¿Qué tenía de francesa aquella moda?
Para comprender el escándalo hay que mirar hacia la Francia del siglo XVIII, cuando París se consolidaba como uno de los grandes referentes europeos de elegancia y tendencias.
La moda femenina de inspiración francesa se caracterizaba por sus siluetas elaboradas, el empleo de tejidos lujosos, los adornos y una mayor exposición de determinadas partes del cuerpo. Los escotes amplios, las mangas que terminaban alrededor del codo y las faldas que dejaban entrever el calzado formaban parte de esa transformación.
Uno de los elementos característicos era el panier, conocido también como miriñaque: una estructura interior que daba volumen a las faldas y modificaba considerablemente la silueta femenina.
En Lima, estas tendencias no eran una simple imitación superficial. Detrás de ellas existía un activo intercambio comercial con Europa.
Las telas francesas tenían una presencia importante en el mercado limeño. Entre ellas figuraban las sedas de Lyon, los tejidos de Ruan y los lienzos procedentes de Bretaña y Cambray. Su utilización aparece documentada en inventarios y testamentos de la época.
La circulación de mercancías también facilitó la llegada de comerciantes y artesanos franceses. Algunos trabajaban como sombrereros, joyeros y peluqueros.
La influencia francesa estaba presente tanto en los guardarropas como en la vida comercial de la capital virreinal.
Una moda que sobrevivió a la condena religiosa
La presión de las autoridades eclesiásticas pudo provocar cierta moderación temporal en la vestimenta de las mujeres limeñas. Sin embargo, no consiguió eliminar las nuevas tendencias.
Sobre la base de retratos de aristócratas y pinturas de castas del siglo XVIII, O’Phelan Godoy demuestra que la influencia francesa continuó extendiéndose después del terremoto.
Entre las mujeres retratadas aparecen Francisca Gabiño y Reaño, condesa de Monteblanco; Rosa Juliana Sánchez de Tagle, marquesa de Torre Tagle; y Nicolasa de Ontoñón y Valverde, condesa de las Lagunas.
Sus vestidos permiten apreciar la evolución de los escotes, las mangas, los tejidos y los accesorios. Algunas lucían prendas de seda, encajes, miriñaques y joyas que seguían las tendencias de la moda europea.
La influencia tampoco quedó restringida a la aristocracia. Las mujeres de otros sectores sociales incorporaron determinados elementos de aquella indumentaria, adaptándolos a sus posibilidades económicas y a sus propias tradiciones.
Las pinturas de castas encargadas durante el gobierno del virrey Manuel de Amat y Juniet, en la década de 1760, ofrecen un registro particularmente interesante de esas diferencias. En ellas se observa cómo algunos elementos de la moda francesa fueron incorporados por mujeres mestizas y mulatas, mientras que las mujeres originarias conservaron en mayor medida prendas tradicionales, como la montera y la lliclla.
La sociedad limeña, lejos de adoptar un único modelo de vestimenta, combinaba influencias europeas con prácticas locales y tradiciones culturales diversas.
El papel de la ciencia
El terremoto de Lima de 1746 ocurrió en un momento de importantes transformaciones intelectuales. En Europa y América comenzaban a circular nuevas interpretaciones sobre los fenómenos naturales, impulsadas por el pensamiento ilustrado.
La catástrofe puso en evidencia dos maneras de interpretar el mundo: una que encontraba en los desastres naturales una manifestación del castigo divino y otra que comenzaba a buscar respuestas mediante la observación y el estudio de la naturaleza.
Con el paso del tiempo, las explicaciones científicas fueron ganando terreno y la moda francesa, mientras tanto, siguió su propio camino. Ni los sermones ni las disposiciones religiosas consiguieron detener su expansión en la sociedad limeña.


