Dos historias reales de horror en París que quizás no conocías

No todo es bistrós, tour Eiffel, Louvre o Champs-Elysées…

París esconde más de un secreto y algunos de ellos son absolument terrifiants.

Ahora que se acerca Halloween… Okok, está un poco lejos aún, pero nos encanta la temporada. Digamos que entendemos a quienes comienzan a vender pan de muerto desde agosto…

Pues sí, ya estamos en modo Halloween, así que, si amas el horror y lo tuyo es la francofilia, vas a disfrutar estas historias, con base real.

LE VAMPIRE DE MONTPARNASSE

En el verano de 1848, los parisinos estaban asustados: en el cementerio de Montparnasse aparecían cadáveres exhumados y mutilados. Nadie sabía quién cometía estos hechos, pero en la opinión pública se lo comenzaba a llamar Le Vampire de Montparnasse – El Vampiro de Montparnasse.

Ni guardias, ni sepultureros podían entender cómo este personaje había logrado escurrirse y escapar a la vigilancia durante meses.


Le Siècle – 3 de agosto de 1848

Desesperados por hallar al culpable, la policía armó un plan. Hizo instalar una machine infernale: un mecanismo que, a partir de un hilo metálico estratégicamente colocado cerca de la muralla del cementerio, justo donde huellas de lodo señalaban el paso del Vampiro, podía activar una metralleta.

Así fue como en la noche del 15 al 16 de marzo de 1849, un hombre cayó en la trampa y acabó gravemente herido.

Claro que no era un vampiro, sino un soldado. Se trataba de un sargento que respondía al nombre de François Bertrand, a quien trasladaron a Val-de-Grâce para sanar sus heridas.

Una vez a salvo, lo transfirieron al médico militar Charles Marchal de Calvi, ante quien confesó algo aterrador.

Desde su adolescencia, Bertrand padecía una pulsión particular: la de asesinar mujeres y masturbarse sobre sus cadáveres.

Calvi pidió a la corte marcial a la que fue sometido el soldado que se lo exonerara en razón de una irresponsabilidad que habría sido provocada por una monomanía erótica destructiva.

Sin embargo, lo condenaron a un año de prisión por profanación de tumbas, en atención al artículo 360 del Código Penal francés.

Según refiere Michel Dansel, quien siguió la vida de este personaje e incluso le dedicó su libro Le Sergent Bertrand : portrait d’un necrophile heureuxEl sargento Bertrand: retrato de un necrófilo feliz-, al sargento se lo reincorporó a la milicia, por lo que estuvo un tiempo en el Segundo Batallón de Infantería Ligera de África, a cargo de la construcción de las rutas en Algeria.

Una vez en la vida civil, vivió en el Havre, donde se casó en 1856 y parecía llevar una vida tranquila y decente: hizo de guardián de faro, de cartero, de dependiente…

Pero… adivinen: según el mismo Dansel, a Bertrand se le pueden atribuir al menos dos nuevas profanaciones de sepulturas, entre 1846 y 1867.

A todo esto, se hace necesario aclarar que la ley francesa no condena la necrofilia, sino la profanación. Si esta última va acompañada de daños a la integridad del cadáver, la pena implica hasta dos años de prisión y una multa.


También te puede interesar:


De lo terrenal, pasamos a lo sobrenatural…

LA MALDICIÓN GITANA DE LA CALLE BIÈVRE

Una vez que heredaron un pequeño bar en París, una pareja de provincia partió a hacerse cargo de él en la calle de Bièvre.

Poco les importó, al parecer, que su anterior propietario muriese apuñalado sobre su mostrador.

Ya instalados ahí, un día el esposo encontró a su esposa sentada en una mesa con un gitano de paso. Al verla tan entregada a la lectura de cartas que este le hacía, los celos le ganaron lo suficiente para, apoyándose en su perro, echar violentamente al gitano de su local.

Logró su cometido, pero en cuanto el gitano estuvo fuera señaló al animal mientras murmuraba unas palabras ininteligibles.

Unos días más tarde, el animal cayó enfermo hasta morir después de mucho sufrimiento.

Para el dueño del bar estaba muy claro: la culpa no podía ser sino de aquel gitano. Así que, cuando este hombre regresó a su bar, lo amenazó a los gritos y empuñando un cuchillo.

Una vez más, el calé apuntó al propietario y susurró unas palabras misteriosas…

Algunos días después, el dueño del bar murió luego de sufrir un mal y una agonía similares a las que padeció su mascota.

¿Y su mujer? Cuentan que se habría ido… con el gitano.

Según este relato, el local estuvo abandonado hasta la ocupación alemana durante la Segunda Guerra Mundial, cuando unos soldados alemanes la registraron, justo antes de morir de una extraña y fulminante enfermedad.

¿Qué pasó finalmente con este establecimiento? El edificio fue demolido y, a pesar del valor que su ubicación le proporciona, el terreno permanece baldío, nadie se ha propuesto construir algo ahí.

Si estás por viajar a París, recuerda tomar una foto de este sitio… sin acercarte demasiado.

Aquí te compartimos la dirección:

1 bis rue de Bièvre.

Metro más cercano: Maubert-Mutualité.

Con información de L’internaute, Retronews, BFM, Paris Secret, Wikipedia.


Somos Coucou Lola ! Pasión por Francia y la cultura francesa.

Un comentario sobre “Dos historias reales de horror en París que quizás no conocías

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s